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El mal llamado «teletrabajo»

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La historia es una disciplina compleja. El estudio del pasado tiene muchas reestricciones, empezando por el hecho de que no estábamos vivos en el momento de los hechos. Sabemos lo que sabemos por la interpretación subejtiva que se transmite entre generaciones, pero esto convencido que hay matices e información relevantes que no nos ha llegado, que cambiaría nuestra percepción de los hechos, y desvirtuaría muchas de las creencias actuales. Esto no invalida que haya verdades absolutas como que Stalin y Hitler fueron dos seres que la historia se hubiese podido ahorrar, pero ¿esa naturaleza humana en otro contextos se hubiera comportado de forma diferente? Es una pregunta poco práctica. Pero me sorprende qué con lo poco que sabemos, intentemos modelizar el sistema complejo que es nuestra sociedad. Solo pensar que el 95% de las materia del universo es materia oscura de la que no sabemos prácticamente nada, te hace reflexionar sobre los ciegos que estamos frente realidad.


Lo anterior viene a colación sobre uno de los conceptos de moda resultante de la pandemía de la Covid-19: el mal llamado teletrabajo. La siguiente tabla es una consulta en Google Trends sobre las búsquedas en España del término teletrabajo. Ya os podéis imaginar a partir de cuando se produce el pico.



Pero ¿que describe el teletrabajo? Etimológicamente es la composición de dos elementos del latín (tele = lejos o distancia) y trabajo. La acepción es la misma que el refrán de Mahoma y la montaña: en lugar de ser los trabajadores quienes se desplacen, es el trabajo que viene a nosotros. Pero ¿esta descripción describe un nuevo paradigma del trabajo que parece asomar de una nueva realidad cuya característica principal será la distancia física? En mi opinión no: teletrabajo hace referencia a esa distancia física pero no asume la complejidad de esta forma de organizar el trabajo que es nueva para muchos. A mi me gusta más llamarla trabajo distribuido. Y ahora parece en el mundo postcoranovirus el trabajo o será distribuido y remoto, o no será. Algunas reflexiones rápidas sobre el trabajo distribuido:



  1. No es algo nuevo. De hecho en los años 60s un Sr llamado Jack Nilles pensaba que los problemas de congestión de tráfico eran en realidad un problema de comunicación. La gente ha de ir al trabajo ya que es la única forma de poder trabajar de forma colaborativa. Y se pensaba que con el avance tecnológico desaparecerían las forma de organizarse alrededor de ubicaciones físicas, y que el trabajo sería distribuido. Era una cuestión del tiempo necesario para desarrollar las tecnologías habilitadoras de esta nueva forma de organizar el trabajo. El tiempo ha desmostrado que a pesar de tener las tecnologías, el trabajo se sigue ubicando en centros productivos (fábricas u oficinas) y no es distribuido.

  2. En nuestra sociedad del conocimiento y la digitalización cometemos el error de pensar que la tecnología es la solución a los problemas. En el sector de la educación pensamos que con más tecnología los estudiantes aprenden mejor. Qué introducir tablets y pizarras electrónicas en las aulas mejora el aprendizaje. El tiempo está demostrado que no es así. No hay cantidad de tecnología que pueda batir a un buen profesor. En YouTube tienes disponible las clases de física de Richard Feynman de los 60s y te das cuenta de que un buen profesor con una tiza y unas pizarras es capaz de transmitir los conceptos más complejos de la forma más simple. En este caso la tecnlología permite su acceso y distribución, pero que sea accesible no quiere decir que la gente aprenda física por el hecho de recibir un enlace a un vídeo. La tecnología habilita herramientas que dependiendo cómo se utilicen pueden ayudar, pero la mayoría de problemas de nuestras sociedad tiene una causas y una solución que gira en torno a las personas. No es un tema de tecnología. Y el trabajo distribuido es el caso. Por mucho slacks, trellos, asanas, zooms y teams que existan, los retos son sociales y humanos. Somos personas.

  3. La tendencia (obligada en este caso) del trabajo remoto me recuerda al vaticinio de la desaparición del papel en los 90’s. Decían que con la digitalización dejaríamos de imprimir y utilizar papel. 30 años después la realidad es que se consume más papel que nunca. Lo mismo está pasando con el trabajo remoto. Muchas organización han declarado que pasan a trabajar principalmente en remoto (Twitter y Facebook) y que es algo irreversible. Otras muchas compañías ya nacieron en remoto. No es un tendencia nueva, pero tampoco masiva (solo el 3% de los americanos trabaja en remoto). Una de las consecuencias de esta supuesta virtualización del trabajo será el descalabro del mercado de alquiler de oficinas. ¿Quién las necesitas si la gente puede trabajar en casa? La realidad nos demuestra que nada es blanco y negro, y sí de muchos matices de grises. Las oficinas no desaparecerán. Habrá un flexibilización del trabajo con casuísticas diferentes pero seguirán habiendo oficinas, y puede que las empresas necesiten más metros para salvaguardar la distancia física. Está todo por ver, pero nunca subestimes la inercia del status quo como resistencia a los cambios.

  4. El trabajo remoto no es para todo el mundo. Hay personas que necesitan socializar, aman la rutina de ir al trabajo como intermedio que les permite diferenciar casa y oficina, familia y trabajo. El commuting que tanto criticamos por ser una pérdida de tiempo además de contaminante, para mucha gente es un oasis mental que les ayuda a desconectar. Es tiempo que aprovechan escuchando podcast, o simplemente es tiempo para estar con ellos mismos. Son rutinas que pueden ser saludables. La tecnología está tan presente en nuestras vidas que ha difuminado la barrera entre nuestro yo personal y el profesional. Y la consecuencia es que no desconectamos mentalmente. Por lo que estos «breaks» forzosos pueden ser muy saludables.

  5. Hay sectores donde el trabajo remoto no es posible. Donde es necesario la presencia física para llevar a cabo las tareas. Todas aquellas actividades relacionadas con la manufactura cuya organización gira en torno a maquinaria pesada no es virualizable. En cambio hay otras como el desarrollo de software donde sí ha triunfado. Son trabajos con tareas troceables y donde se puede asignar facilmente la responsabilidad y trazabilidad usando cualquier metodología Agile. No hay una receta única para todos.

  6. Habrá consecuencias que ahora mismo son difíles de imaginar. Un ejemplo es la reflexión de este tweet:



Esta afirmación entronca con la decisión que en 2013 Marissa Mayer CEO de Yahoo en aquel momento de finalizar la finalidad del trabajo remoto en la compañía. A Yahoo le siguieron empresas como IBM, HP o Best Buy entre otras. Las razones de Mayer se resumen en dos frases del memorandum que envío a toda la compañía: “Speed and quality are often sacrificed when we work from home,”. “We need to be one Yahoo!, and that starts with physically being together.” ¿Desde el punto de vista de la creación y diseminación del conocimiento la distancia es un stopper? ¿Es posible mantener una cultura corporativa sin contacto y presencia física? ¿Como creamos esos momentos de encuentro informal que puede ser el catalizador de nuevas ideas? Todas estás cuestiones están sin resolver.


7. El Geo Arbitaje. Leo que muchas trabajadores están idealizando el trabajo remoto: cobrar como si estuviera en San Francisco pero desde mi tumbona de una playa de Balí. Pues va a ser que no. Muchas compañias ya están ajustando los salarios por ubicación.




A medida que el teletrabajo sea mainstream veremos muchas innovaciones y muchos ajustes en los que se entiende por teletrabajo. Está todo por definir, pero me atrevo a decir que nada será como nos imaginamos ahora.