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El nuevo paradigma de Project Management y las fortalezas tradicionales

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Mucho se habla últimamente de la gestión “ágil”, para podernos adaptar a entornos cambiantes. En Project Management consiste en aplicar un ciclo de vida de proyecto muy iterativo para poder ir validando con el sponsor/usuario final del producto si éste se va ajustando a lo que se requiere. No pone pues el foco en la definición de requisitos previos al proyecto sino que va diseñando-construyendo-y-testeando el producto en “bursts” muy cortos, y repetidos. Tiene mucho sentido en esos entornos pero siempre con “la cautela” de que, en el fondo, si no tenemos visión global de hacia donde vamos y qué nos va a costar, podemos perder la perspectiva.


En algunas ocasiones, quizá demasiadas, estamos asociando esta “agilidad” a una falta de rigurosidad en la planificación y el cumplimiento de costes y tiempo; en la predicción de cuándo vamos a tener algo acabado y, aproximadamente, cuánto nos va a costar. Sería como si tuviéramos una idea de negocio, digamos que la creación de un restaurante, y respecto al proyecto de construcción del restaurante (previo a su comienzo), fuéramos incapaces de saber cuánto nos cuesta ni cuánto tiempo. ¿Invertirías en un proyecto sin saber cuándo vas a tener ese restaurante operativo? ¿Ni cuánto te va a costar?


A pesar de los cambios que vivimos, el concepto de un negocio en sí permanece igual. Independientemente de la evolución de la tecnología, la economía social, movimientos políticos y los cambios del mercado, hay elementos que se mantienen constantes, los que mantendrán la clave principal del negocio. Si no se le da mucha atención a ciertas disciplinas tradicionales, junto con la innovación de la empresa, tus proyectos no van a llevarse a cabo como se esperaba y tu estrategia no se hará realidad. A pesar de que la presión del pensamiento a corto plazo es cada vez mayor, el pensamiento a largo plazo y la sostenibilidad todavía tiene que ser la clave. El pensamiento a largo plazo no implica que los cambios frecuentes no sean bienvenidos, sino que implica la capacidad para sostener el negocio aún más fuertemente, para mantener el ritmo con la velocidad del cambio.


Un negocio bien administrado todavía consiste en:



  • Tener una visión clara y una estrategia, intentando predecir cuánto nos cuestan los avances, y cuando van a estar disponibles. Si no, ¿cómo medimos el valor que generamos por el camino?

  • A la vez, dar bienvenida a los cambios, que van a suponer replanificar y usar ciclos de vida iterativos.

  • Una actitud de resistencia, invertir trabajo duro y esfuerzo, pero a la vez gestionar inteligentemente la transformación

  • Proporcionar a los clientes una actitud de servicio transparente y respetuosa, con interacciones estructuradas y eficientes

  • Ofrecer un precio que refleje el valor añadido

  • Ofrecer servicios sostenibles, pensando en relaciones a largo plazo y fomento de la confianza.


¿Cuál es tu visión al respecto?