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La supresión de la Neutralidad de la Red y la voracidad de los poderosos por controlar el mundo digital

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Estamos en el período festivo más importante del año y en estos días nuestros móviles están recibiendo vía WhatsApp cataratas de videos, imágenes y gift  deseando felicidades, y buenos augurios para el año que está por comenzar. También las redes Facebook, Twitter o Instagram están plagadas de saludos navideños multimedia que distraídamente miramos a lo largo del día como quién hojea una revista. Quienes se desplazan o tienen momentos de descanso, aprovechan para terminar de ver un episodio en Netflix o leer las noticias en sus medios de preferencia. Y todo transcurre sin obstáculos.


Porque a las puertas de 2018, para chatear, surfear por las redes o consumir contenido de cualquier tipo, los ciudadanos de a pie hace tiempo que no tenemos (mejor dicho,  no teníamos) que preocuparnos por el “ancho de banda”:  la autopista por la que circulan de ida y vuelta los datos.  Todos pagamos por el acceso a internet – a quien sea – pero pagamos para poder conectarnos al mundo digital. Y parecía que esto ya era suficiente para poder disfrutar de un “servicio” que hasta hoy fue considerado público (no gratuito).


Pero este pasado 14 de diciembre  La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos aprobó la supresión de la "neutralidad en la red", la norma impulsada en 2014 por el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, que protegía internet como un servicio público.


Esta regulación impedía que las compañías proveedoras de internet pudieran bloquear o ralentizar a su antojo cualquier portal de la red, sin importar el tipo de contenido del que se tratara. 


La neutralidad de la red (Net Neutrality)  que algunos han descrito como la "primera enmienda de la internet", es la idea de que los proveedores de servicios internet (ISP) deben tratar todos los datos de igual forma, se trate de un mail, un episodio en Netflix o una transacción bancaria. Se asegura de que los ISPs grandes del cable, como Comcast, AT&T y Verizon (en EEUU), no pudieran elegir qué datos se envían más rápidamente o qué sitios podrían ser bloqueados o ralentizados en función de lo que paguen los proveedores de esos contenidos o servicios web.


¿Qué quiere decir esto? Que si estos proveedores  quieren,  pueden “mandar  los datos que el usuario demanda de Google, Facebook o Netflix” por una estrecha callecita (parecida al antiguo Dial-Up)  si estas compañías no pagan una primas especiales para utilizar “la autopista”.


Pero parece que no sólo las empresas tendrán que pagar altos peajes. Otra vez nos tocará a los usuarios asumir parte de los costos si queremos seguir pasando el “dedo por nuestras pantallas” y acceder de forma inmediata  los contenidos.


Estos días se ha escrito mucho sobre el final de la Neutralidad de la red , que en principio afectaría a EEUU, pero dado que gran parte de los sitios y Apps que utilizamos en el mundo occidental  están afectados por las leyes de este país (Google, Amazon, Netflix, Airbnb, Facebook, WhastApp, etc.) la noticia nos afecta a todos los usuarios, no sólo porque estas medidas podrían replicarse en otros países y podrían verse incrementadas nuestras facturas de acceso a internet, sino y para mí lo más preocupante es que, haciendo uso de los famosos algoritmos que les permite conocer nuestros hábitos y preferencias, podrían empezar a cobrarnos  cargos  adicionales justamente por acceder a esos contenidos o apps que usamos habitualmente.


O sea: el que quiere celeste, que le cueste!  ¿Te gusta escuchar a diario tu música en Spotify? Entonces no sólo vas  a pagar más  a Spotify , porque ésta tendrá que pagar primas para hacerte llegar la música, sino que también tendrás que pagar adicional para que el proveedor que te da acceso al sitio web que sabe que te interesa mucho, te deje acceder vía la autopista de navegación.


Todos tenemos claro que el Mundo Digital  pone los dientes largos a cualquier empresa porque reúne, en un solo lugar a nada menos que  3.750 millones de personas ( el 50% de la población mundial) y entiendo que en esta nueva economía digital todos estén buscando la forma de sacar provecho de este enorme mercado que existe por primera vez en la historia de la humanidad…pero me pregunto ¿tan en crisis está el pensamiento creativo para generar ingresos con semejante masa crítica que los dueños de la banda ancha no encuentran otra forma de monetizar sus inversiones más que cobrando ahora nuevos peajes además de los  costos de suscripción?


Lo lamentable en este caso es que no sólo se trata de dinero, sino además de recuperar  “el control” de un mundo (la World Wide Web) que su creador, Tim  Berners Lee, donó a la humanidad para que por fin existiera un espacio sin dueños ni jerarquías donde los ciudadanos del mundo pudieran compartir información, acceder a oportunidades y colaborar  traspasando los límites geográficos.


Hasta ahora nadie ha sido lo suficientemente claro para que podamos comprender los alcances de estos cambios respecto al tráfico de internet, pero lo que sí podemos saber ya es que se ha desatado una guerra entre proveedores de cable, telefónicas y proveedores de servicios (Google, etc.) en la que, los platos rotos de la fiesta, la vamos a pagar los usuarios.