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Organización empresarial: características, objetivos y tipos de organización

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Las empresas no nacen ni se estructuran por sí mismas. Antes de ponerlas en marcha, sus directivos deben tener clara la forma en que ésta se organizará de cara a las tareas propias de su actividad comercial y el cumplimiento de sus objetivos. En función de esto, existen distintos tipos de organización empresarial.

Qué es la organización empresarial

Dicho esto, podemos afirmar que la organización empresarial consiste en poner en orden los recursos de la compañía. Aunado a ello, se procederá a establecer una serie de funciones que permitan alcanzar los objetivos propuestos.

Recordemos que ninguna labor de gestión y administración será posible si antes no se fija un plan de organización, el cual debe sentar las bases para el funcionamiento de la empresa y para el resto de elementos asociados, por ejemplo, el control de riesgos, la gestión de calidad o los Recursos Humanos, entre otros.   

En los tipos de organización queda manifiesta la capacidad de las empresas para reflejar la idea de negocio y la claridad de las metas que se han propuesto en cada uno de los casos. De hecho, de la estructura elegida dependerá la materialización de la idea esencial. Si quieres saber más sobre cómo es la estructura de una empresa, puedes ampliar tus conocimientos clicando aquí.

Hace algún tiempo, por ejemplo, el diario El País inició una nueva etapa en la que eliminaba algunas de sus jerarquías para optar por un modelo en el que la información fluya con mayor facilidad y abrirá campo a nuevos colaboradores. El objetivo es claro: adaptarse a las exigencias del siglo XXI.

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Los tipos de organización empresarial: formal e informal

Aunque con el tiempo y a partir de las exigencias de cada contexto han surgido muchos tipos de organización empresarial, se trata de variaciones de dos modelos básicos: el modelo de organización formal y el modelo informal.

a) Formal

Son las acciones que se incluyen en el plan de empresa desde la constitución de la misma y que pretenden regular las actividades corporativas, asignar roles, diseñar departamentos, elegir responsables y, en último término, dar entidad a la organización. Es estática, jerárquica y suele plasmarse en documentos de carácter oficial conocidos por todos los integrantes de la empresa.

b) Informal

Se trata de la estructura social que complementa a las estructuras corporativas formales. O, dicho en otras palabras, son los comportamientos, las interacciones y las relaciones personales y profesionales que se tejen en el día a día de cada compañía. Se caracterizan por ser flexibles y estar en permanente evolución. Lo más habitual es que se produzcan de forma espontánea, aunque eso no quiere decir que no deban estar reguladas de alguna forma. Precisamente, esa labor le corresponde a la organización formal, que de alguna manera se convierte en el marco de dichos comportamientos e interacciones.

Además, entre los tipos de organización empresarial más habituales vale la pena mencionar el funcional, que cubre las necesidades de la empresa en distintos niveles y con varios responsables; el  jerárquico, para el que lo más importante son los cargos y los niveles de responsabilidad; el modelo en línea (o staff), que se basa en la creación de pequeñas dependencias a cargo de responsables directos y especializados; y, finalmente, el de estructura matricial, empleado generalmente en proyectos a corto plazo y que convoca a personas que pueden o no formar parte de la organización. Puedes conocer mejor estos tipos organizativos corporativos clicando en este enlace.

Otras formas en las que se organiza una empresa

Además de las mencionadas, dependiendo del tamaño de la compañía, de su estatus legal y de otros condicionantes, existen diversas fórmulas de organización de empresas. Las más destacadas son:

Dependiendo de la forma jurídica

  1. Empresa comanditaria: formada por diversos tipos de socios.
  2. Sociedad colectiva: propiedad de varios individuos.
  3. Sociedad cooperativa: sin ánimo de lucro y buscando el bienestar de sus integrantes.
  4. Empresa unipersonal: perteneciente a una sola persona.
  5. Sociedad de responsabilidad limitada: los socios son quienes responden con su capital aportado inicialmente.
  6. Sociedad anónima: la responsabilidad se limita al patrimonio aportado.

Dependiendo del tamaño

  1. Microempresa: no supera los 10 empleados.
  2. Pequeña empresa: tiene un mínimo de 11 empleados y un máximo de 49 trabajadores.
  3. Mediana empresa: va de los 50 a los 250 trabajadores.
  4. Gran empresa: supera los 251 empleados.

Dependiendo del sector económico

  1. Sector primario: empresa dedicada a extraer materias primas.
  2. Sector secundario: su labor es transformar las materias primas.
  3. Sector terciario: ofrece servicios en todo tipo de parcelas, desde alimentación hasta desarrollo tecnológico.

Dependiendo del origen del capital

  1. Empresa privada: el capital lo constituyen individuos particulares.
  2. Empresa pública: depende de la inversión pública aportada por entidades de carácter nacional, regional o local.
  3. Empresa mixta: el capital procede del aporte del Estado, aunque puede estar participada por particulares también.

La importancia de la correcta organización de la compañía

¿Por qué es importante una correcta organización empresarial? Hay que los motivos son muchos y muy variados, destaquemos los que, a nuestro juicio, son primordiales:

  • Métodos de trabajo correctos: es decir, suministra los métodos para el correcto desempeño de las actividades.
  • Agilización de procesos: todos los implicados conocen su cometido, por lo que se agilizan y aceleran los procesos productivos.
  • Reducción de costes: la implantación de métodos de trabajo correctos y ágiles reduce notablemente los costes.
  • Posiciones claras: es decir, todos los integrantes de la empresa conocen su posición, su función y su responsabilidad.
  • Optimización de recursos: como ya hemos comentado, los recursos se optimizan de forma notable.

Los 4 aspectos que se han de implicar en la correcta organización de empresas

Toda organización, incluso si no entra dentro de lo que definimos como empresarial, debería implicar estos cuatro aspectos básicos:

  • Estructura: corresponde a la mecánica administrativa de la compañía.
  • Funciones: es decir, correcta organización de jerarquías y actividades.
  • Niveles: estructuración de los niveles de responsabilidad de cada actor implicado.
  • Objetivos: todo cuanto se hace, debe obedecer a un objetivo, una finalidad, una o varias metas concretas.  

El papel del líder en la elección del tipo de organización

A la hora de definir los tipos de organización empresarial, el líder es mucho más que una voz de mando o alguien que delega acciones en terceros.

Esta figura es de vital importancia en los procesos de organización empresarial, pues de los líderes depende en gran medida el funcionamiento de los sistemas internos. Por ejemplo, si en términos de gestión el líder tiene una actitud abierta, lo más conveniente es que adopta un modelo participativo y poco jerarquizado.

  • Independientemente de los tipos de organización, el líder de una empresa tiene que encabezar una serie de funciones acordes con el modelo elegido. Algunas de ellas son:
  • Asignación de deberes a los integrantes de la compañía.
  • Delegación de autoridad en jefes o encargados.
  • Gestión del factor humano y de la capacidad de los equipos de trabajo.
  • Supervisión de las actividades corporativas.
  • Intervención en aquellos casos que necesiten soluciones o correcciones.
  • Generación de confianza en los otros niveles jerárquicos.
  • Asignación de responsabilidades en función de las habilidades.

En definitiva, esta información define claramente qué es la organización empresarial, cómo se jerarquiza y, sobre todo, cómo se optimiza.

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