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Un mapa de competencias es una ayuda para dirigir la innovación

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La innovación es el resultado de encontrar las ideas sencillas que nos rodean y que hacen aflorar las conexiones existentes entre los diversos factores. Estas conexiones que en nuestro día a día no las vemos sin embargo están presentes en nuestro entorno, son unas conexiones que parece que se esconden de nuestros ojos junto con las ideas necesarias para innovar, ambas parece que se camuflan para que no las capturemos. Pero lo cierto es que la culpa de que no las veamos es nuestra,  o más bien es culpa de nuestro cerebro que se ha colocado en un estado de configuración en que no las ve, es decir, que presenta un condicionamiento para no ver lo que podría ver.


De esto nos damos cuenta cuando alguien presenta una innovación y muchos dicen que esa innovación era obvia, que a ellos también se les habría ocurrido si no hubiera sido porque… y aquí exponen cualquier excusa. Sin embargo, lo que nadie se atreve a decir es que no había visto lo que otro sí que ha visto, que no había sido suficientemente observador como para detectar esa oportunidad.


¿Y entonces qué podemos hacer para verlas?  Lo más sencillo y práctico seria hacer un “reset” de nuestro cerebro para dejarlo en blanco de forma que cuando volviera a captar lo que hay en su entorno pudiera ver lo que tiene delante, porque entonces no tendría ningún prejuicio, ni ningún condicionamiento. Pero esto no es posible porque no podemos resetear un cerebro sin que se produzcan efectos secundarios indeseables.


Esta alteración de la visión que ocurre a nivel personal también ocurre a nivel de empresa, muchas empresas no ven lo que podrían ver porque están condicionadas por su historia y por las personas que conforman la empresa. Pero las empresas que tienen necesidad de innovar deben actuar para cambiar esta perspectiva.


En este caso, una de las opciones es actuar sobre sus competencias. Esto porque hay que ser conscientes que la innovación lo que hace es potenciar o destruir las competencias de una empresa. Por un lado, una innovación puede desarrollarse sobre los conocimientos y habilidades que existen en una empresa y hacer que crezcan durante el proceso, lo que equivale a potenciar las competencias existentes. Esta innovación potenciadora añade más conocimiento a la base que ya existe en la empresa. Es lo que se hace cuando p.ej. se desarrolla una nueva versión de un sistema operativo, a cada nueva versión añadimos conocimiento a la versión anterior.


Pero, por el otro lado, una innovación puede provocar con su desarrollo que los conocimientos y habilidades de una empresa se conviertan en obsoletos, que dejen de ser útiles, que caigan en el olvido o que se coloquen en las estanterías de un museo. Esta innovación destructora lo que hace es crear una nueva base de conocimientos que abandona a su suerte el conocimiento existente. Este sería el caso de desarrollar un nuevo sistema operativo con pocos vínculos con los anteriores.


Es importante recordar que en una innovación puede ocurrir que se potencien las competencias de la empresa que innova mientras que en paralelo se está destruyendo las competencias de aquellas otras empresas que no están innovando. Considero que esto hace que sea importante para cualquier empresa conocer sus competencias, especialmente las competencias clave. Porque nuestras competencias son los fundamentos de nuestra pervivencia como empresa.


Si una empresa no conoce cuáles son sus competencias entonces no las puede gestionar. Y para saber cuáles son sus competencias, en una empresa lo que se debería hacer es escribir lo que se conoce como “mapa de competencias”. En este mapa es muy importante considerar toda la empresa porque la innovación no incide sólo en las competencias técnicas sino puede incidir en cualquier competencia.


Para dibujar el mapa de competencias lo primero que se hace es determinar cuáles son las competencias de la empresa, después se identifican cuáles son las tecnologías necesarias para mantener esas competencias y, sobre todo, quienes son las personas que dominan esas competencias.


De las competencias las que son más importantes de definir y describir son las competencias clave o esenciales, es decir, aquellas que diferencian a la empresa respecto de sus competidores. Estas competencias son sobre las que una empresa debería desarrollar sus innovaciones porque son las que a la competencia les será más difícil de imitar.


Hay otras competencias que podemos definir como no esenciales o complementarias, que son las que se dan en la empresa y que también se pueden dar en otras empresas o que otras empresas puedan conseguir con facilidad.


Y también están las competencias que podemos llamar habilitadoras que son las competencias necesarias pero no suficientes para que una empresa sea competitiva, es decir, las que se necesitan para que una empresa pueda estar en el mercado.


Una vez conocemos el mapa de nuestras competencias entonces es cuando podemos empezar a configurar nuestras estrategias de innovación tanto defensivas como ofensivas. Podemos plantear diferentes tipos de proyectos: por un lado podemos plantear proyectos orientados a desarrollar innovaciones incrementales que normalmente son potenciadoras pero también podemos desarrollar proyectos de innovaciones disruptivas que tendrán tendencia a provocar la obsolescencia de algunas de nuestras competencias. Esto último requiere realizar un análisis de los escenarios que podemos tener si conseguimos desarrollar esa innovación disruptiva especialmente en lo que afecta a nuestra empresa.


El mapa de competencias es uno de los que debería estar siempre en el “libro de mapas” de una empresa innovadora.