
Informe OBS: La transformación del sector bancario, presente y futuro
España entre los países europeos con mayor uso de banca digital acercándose al patrón nórdico

- La competencia de las fintech ha sido un estímulo saludable para el sector bancario. El futuro pasa por la cooperación y no la competencia.
- El empleo bancario será más pequeño en número y más denso en cualificación. Perfiles híbridos que dominen finanzas, analítica y experiencia de cliente. Ganan peso figuras como el banquero privado o el agente financiero, con una relación fluida con los clientes.
- Quien lidere equipos en este contexto debería estar aprendiendo ya cuatro cosas: principios de ciencia de datos aplicados a negocio, diseño de experiencias simples y accesibles, gobierno y seguridad del dato y habilidades de conversación financiera que traduzcan la complejidad en decisiones claras.
Enero 2026. OBS Business School, institución perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, publica el informe La transformación del sector bancario, dirigido por el profesor y director de InveretiK Jaime Martínez Tascón. El sistema bancario está viviendo una transformación que ya no se explica con una sola variable. Tras casi una década de tipos de interés bajos o negativos en Europa y EEUU, el ciclo cambió su rumbo en 2022 hacia unas políticas monetarias más restrictivas, y desde 2024 la senda de bajadas de tipos iniciada hacia una normalización monetaria está provocando que el futuro de los beneficios se tenga que explicar también desde la gestión bancaria pura, al margen de las decisiones de los bancos centrales.
Se está devolviendo protagonismo a la capacidad de gestión con datos fiables, a la gobernanza de los riesgos, la agilidad para rediseñar procesos y la habilidad para transformar la relación con el cliente en una experiencia fluida y atractiva. Esta metamorfosis ocurre mientras las entidades financieras siguen en pleno funcionamiento del negocio, con plantillas que aprenden nuevas competencias, clientes que elevan sus expectativas con cada interacción y reguladores que piden más transparencia, mejor resiliencia y métricas comparables. El futuro de los bancos, según el informe de OBS, pasa por analizar cómo se toman las decisiones, cómo se protegen los datos, cómo se integran terceros tecnológicos, cómo se evalúa la sostenibilidad del crédito y cómo se evita que la innovación digital deje a algunas personas atrás.
La política monetaria no es algo que se implante de manera instantánea ni homogénea. En España la remuneración del ahorro tiende a ser más lenta que en otras zonas de la región europea, una característica que en el ciclo alcista sostuvo los márgenes. Los años 2023 y 2024 dejaron beneficios sólidos en buena parte del sistema bancario impulsados por tipos más altos y por una disciplina de costes que venía de lejos. Y previsiblemente 2025 sea una continuidad de los dos ejercicios anteriores. Pero la rentabilidad a futuro dependerá de la diversificación de ingresos y riesgos, de la calidad del dato para entender mejor a los clientes, de la eficiencia operativa y de una gestión eficaz de los balances. En este contexto, competir consistirá en gestionar bien la liquidez, reducir los tiempos de respuesta, limitar errores y elevar la satisfacción de los clientes.
El camino de la competitividad
La competencia en el sector bancario no depende solo de la política monetaria, sino de operar distinto, de estudiar los datos que permitan un mejor conocimiento del cliente y de procesos más cortos, y en ello la transformación digital es vital. Lo complicado es cómo hacerla sin sacrificar el control de riesgo, sin perder la cercanía con el cliente y sin elevar la complejidad interna.
España se ha consolidado entre los países europeos con mayor uso de banca digital (más del 70% de la población) y se acerca al patrón nórdico. Hemos superado a grandes mercados como Francia, lo que se explica por la amplia penetración del smartphone, mejoras como Bizum y también por marcos como PSD2 que refuerzan la seguridad. El profesor Martínez Tascón asegura:
"Se prevé una penetración en torno al 85% a medio plazo y que la contratación digital pase del 50% al 75% aproximadamente, pero para ello es necesario seguir invirtiendo y también cerrar la brecha de edad y de territorio”
La competencia de las fintech ha sido un estímulo saludable para el sector bancario pues han obligado a revisar las políticas de negocio, a construir nuevas capacidades; se ha invertido en startups y se han creado alianzas para acelerar la integración del nuevo cliente en los servicios de las entidades financieras, los pagos y la verificación de identidad. Además, se han comprimido las comisiones y se han creado operativas más sencillas, económicas y accesibles. Las fintech han ayudado a hacer llegar los créditos a pymes, jóvenes o autónomos con tiempos de respuesta más cortos, y han facilitado un asesoramiento híbrido y la segmentación a la hora de invertir. Estas mejoras no han eliminado el papel del banco, sino que lo han desplazado hacia funciones de integración de terceros con criterios de riesgo y con una cobertura regulatoria. La relación de cooperación y no de competencia entre la banca tradicional y las fintech es por tanto lo más eficiente y la que tiene un futuro más lógico y prometedor.
El futuro del empleo en la banca
La relación entre bancos y clientes se ha reconfigurado hacia un modelo híbrido en el que lo cotidiano se resuelve por canales digitales y lo complejo se realiza de forma presencial. Ello ha llevado a que el asesoramiento personal se esté convirtiendo en una pieza clave, especialmente para competir en nichos de negocio como el de las inversiones, la banca patrimonial o la banca de empresas. En los próximos años el verdadero valor diferencial de los bancos se encontrará en su capacidad para relacionarse con los clientes y gestionar el riesgo en un entorno muy cambiante. Y en ello tendrá mucho que aportar el desarrollo laboral que se fije en las políticas de empleo de los bancos.
Lo transaccional ha dejado paso a lo analítico, a lo creativo y a lo consultivo. El valor ya no está en saber mover papeles con diligencia, sino en saber interpretar información, anticipar necesidades y acompañar las decisiones con criterio. La consecuencia es que los puestos ligados a funciones repetitivas y presenciales pierden peso mientras crecen los roles que combinan datos, tecnología y, sobre todo, conversación de calidad con los clientes. Por tanto, los perfiles más necesarios son los híbridos: personas que mezclan finanzas, analítica y experiencia de cliente. En ese giro, el asesoramiento patrimonial ha pasado de ser un “servicio añadido” a convertirse en el corazón de la relación con los segmentos de mayor valor, como la banca patrimonial. Han ganado peso figuras como el banquero privado o el agente financiero, bien como parte de la plantilla o como autónomos que mantienen una relación de largo plazo con el inversor en una interacción humana cualificada y con herramientas de análisis que elevan el compromiso del cliente con la entidad de forma sostenida en el tiempo.
La otra gran familia de roles en auge es la tecnológica: analistas de datos, especialistas en automatización, arquitectos de integración, expertos en seguridad y gobierno del dato. Su trabajo permite que la experiencia del cliente sea fluida, segura y que el consejo se base en una información ordenada. De ahí que muchas entidades estén reorientando su formación interna hacia competencias analíticas y digitales al tiempo que crean equipos mixtos donde negocio, riesgos y tecnología diseñan productos juntos.
Mirando a los próximos años, el empleo bancario será más pequeño en número y más denso en cualificación y quien lidere equipos en este contexto debería estar aprendiendo ya cuatro cosas muy concretas: principios de ciencia de datos aplicados a negocio, diseño de experiencias simples y accesibles, gobierno y seguridad del dato y habilidades de conversación financiera que traduzcan la complejidad en decisiones claras.
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