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Control de calidad y su importancia para la empresa

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Optimizar procesos, mejorar la organización interna, promover el trabajo en equipo o ganar en flexibilidad ante el cambio son algunas de las ventajas del control de calidad en la empresa. Para los clientes, los beneficios giran en torno a una mayor confianza en la relación con la marca y el acceso a productos mejor elaborados.

¿Qué es el control de calidad?

En el entorno empresarial, un control de calidad es un procedimiento que permite analizar, como su propio nombre indica, la calidad de los productos y servicios que una empresa ofrece al mercado, así como detectar errores o problemas en ellos, en sus procesos de producción, etc.

¿Qué es un plan de control de calidad?

El plan de control de calidad es la respuesta de las organizaciones a las exigencias del mercado actual. Se trata de la hoja de ruta que facilita organizar recursos y responsables para realizar un seguimiento continuo de sus procesos.

Al monitorizar la producción, se consiguen identificar desajustes, desechos e ineficiencias. Con esta información es posible introducir mejoras en base a medidas que permitan aumentar la calidad de los productos o servicios.

Muchas veces, el sistema de gestión de la calidad en que se inspira el citado plan orbita alrededor de las normas ISO-9000, referente mundial no solo en cuanto a cuestiones de calidad, sino también para quienes buscan una guía que ayude a su empresa a ganar en eficiencia.

¿Cuáles son los tipos de controles de calidad?

En función del sector, podemos encontrarnos con controles de calidad obligatorios por ley y con controles de calidad opcionales. En este post hablaremos sobre los segundos, respondiendo a dos preguntas principales:

  1. Siendo opcional, ¿qué beneficios aporta un control de calidad a una empresa?
  2. ¿Resulta rentable teniendo en cuenta los costes que supone?
  3. ¿Quién lo puede llevar a cabo?

Control de calidad: sus beneficios

Llevar a cabo un control de calidad implica detectar errores y problemas que pueden pasarse por alto en la actividad diaria de la empresa. Esto es de gran ayuda y aporta los siguientes beneficios:

  1. Reducimos el riesgo de que llegue al mercado un producto defectuoso que debamos retirar de él, un proceso que puede resultar muy costoso tanto en dinero como en esfuerzos y tiempo.
  2. Reducimos también el riesgo de que nuestro público objetivo asocie nuestra marca con esos productos defectuosos y que su imagen se deteriore.
  3. Aumentamos las posibilidades de detectar sistemas y procesos que agilicen el sistema productivo o distributivo de la empresa.

Pero ¿todos estos beneficios compensan el gasto que debe hacerse en realizar un control de calidad? Veámoslo.

¿Para qué sirve el control de calidad en una empresa?

Imaginemos que una empresa decide no realizar su control de calidad. Se arriesga a que su producto salga defectuoso al mercado, aunque quizá no pase nada. Pero si esto llega a ocurrir, tendrá que:

  1. Retirar del mercado el producto defectuoso.
  2. Pagar posibles sanciones por las consecuencias de la introducción en el mercado de dicho producto, según el sector y el caso.
  3. Crear una campaña de imagen corporativa para limpiarla y para recuperar la confianza de su público objetivo, dañada tanto por los consumidores directos del producto defectuoso como por el impacto negativo que ha podido tener debido a la difusión por los medios de comunicación.

En cambio, si esta empresa hubiese realizado un control de calidad a tiempo, no tendría que asumir ninguno de estos costes.

Por lo tanto, podemos afirmar que los controles de calidad son rentables.

¿Quién realiza el control de calidad de un producto?

Existen dos posibilidades a la hora de realizar un control de calidad no obligatorio:

  1. Que lo realicen agentes internos, es decir, que trabajan dentro de la empresa. En este caso, deben ser muy exhaustivos en sus análisis, ya que las personas que trabajan dentro de una empresa son más proclives a no ver los puntos ciegos de sus procesos y sistemas.
  2. Que lo lleven a cabo agentes externos. Sin duda, esta es la opción más recomendable, ya que, al no estar en contacto diario con la empresa, no se verán tan afectados por esos puntos ciegos.

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