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¿Es el Covid-19 un “Cisne Negro”?

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En este blog os hemos hablado muchas veces sobre riesgos en proyectos, así como conceptos como “Cisnes Negros”, y cómo prevenir incidentes que pueden hacer descarrillar tus iniciativas. En concreto podríamos recuperar posts como los siguientes:

A día de hoy estos escritos están más de actualidad que nunca, desgraciadamente debido al impacto enorme que está causando la crisis del Covid-19. En concreto, se ha hablado mucho de la ocurrencia de “cisnes negros”, entendidos como eventos que tienen un impacto enorme y que aparentemente puedan tener una probabilidad muy remota. Estos sucesos “imposibles” conllevan un impacto catastrófico en nuestras iniciativas, tal como nos está sucediendo con esta pandemia.

Nicholas Taleb lo describía así en «‘The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable'». The New York Times. 22 de abril de 2007: “ Lo que aquí llamamos un Cisne Negro (y con mayúscula) es un suceso con los tres atributos siguientes. En primer lugar, es un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva a un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible.”

Vemos pues aquí definidas las tres características de un verdadero Cisne Negro, una de ellas es que “no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad”. ¿Es, por tanto, el Covid-19 un “cisne negro”? Aquí entramos en un terreno de controversia….

Hay autores, como Benjamin C. Halliburton  de Forbes, quien defienden que así es: “COVID-19 is a Black Swan”

O también encontramos similares argumentos en The Japan Times: “Is COVID-19 a 'black swan'?”

Sin embargo, si analizamos estas referencia no encontramos demasiados datos ni comentarios acerca de la probabilidad real de que exista una epidemia de estas características…. Para estos autores, el hecho de que este evento tenga un impacto enorme ya parece justificar la denominación “Cisne Negro”.

Recordemos que un riesgo tiene dos ejes, no solo su impacto sino también su probabilidad. Y es precisamente el factor probabilidad el que, según N. Taleb, justifica esta denominación. Un verdadero “Cisne Negro” tiene que ser algo casi inimaginable… El propio Taleb ha dado su punto de vista estos días:

The Corona Crisis is Not a Black Swan: Nassim Nicholas Taleb (Universa Inv. & NYU Tandon)

Muchos autores y periodistas están recordando estos días la gripe de 1918, así como otros brotes mucho más recientes que como enfermedad podían tener características similares, pero que por su naturaleza no causaron un contagio tan rápido. Así que.. ¿era realmente tan improbable que en el lapso de 50-60 años, si no 100, no ocurriera algo como lo sucedido en 2020? Con este argumento, pues, más que un “cisne negro” ¡esta pandemia se convierte en un hecho prácticamente seguro! Aquí la clave es pensar en qué lapso temporal abarcamos.

Y recordemos que un “riesgo” es algo en el futuro, lo que ya ha pasado es un “problema”… Así que… ¿qué probabilidad hay de que en un lapso entre digamos 2020-2050 no suframos otra pandemia de estas características, si no peor? Sin ser epidemiólogos, creo que todos coincidiríamos ahora en decir que no parece tan extremadamente improbable. En cualquier caso, sería una pregunta a resolver por los expertos, quienes deberían determinar la probabilidad de los distintos escenarios. La Gestión del Riesgo, con mayúsculas, se debería orientar, de una vez por todas, a desplegar respuestas preventivas, efectivas para, o bien evitar que aparezca el problema en el futuro, o bien minimizar sus efectos estando preparados al máximo. En este artículo de hace más de un año os hacía una llamada para ello:

“We need prevention vs fire-fighting. We need contingency plans vs improvisation…. Could we please start applying some risk management techniques?”

Nos jugamos mucho, y debemos ser ya muchos más exigentes con nuestras técnicas de Gestión del Riesgo a nivel de proyectos, de negocios y, vista la situación, de nuestro propio día a día, de nuestra comunidad y de nuestra sociedad.