
Informe OBS: Evolución de la Inversión Extranjera Directa
España recibe más inversión extranjera que Alemania, Francia o Italia en proporción a su PIB

- La IED mundial se mantiene estable en 663.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2025, pero un 6% por debajo de los niveles registrados un año antes.
- La inversión internacional se decide hoy con más cautela. El inversor tiende a concentrarse en menos proyectos, pero más grandes en capital. Los tres campos más atractivos para invertir hoy son el relacionado con la transición energética, el digital y la manufactura avanzada.
- “Es importante diferenciar entre la inversión que cambia la economía de la inversión que cambia propietarios. Ambas pueden ser legítimas, pero sus efectos no son iguales”, argumenta Jaime Martínez-Tascón, profesor de OBS Business School.
- España ha mantenido un perfil de atracción de IED relativamente alto frente a sus principales pares del euro, aunque con altibajos como cualquier economía. Recibe inversión extranjera proveniente principalmente de sus socios europeos tradicionales y EE. UU. Destinado a los sectores Servicios, Industria y Construcción
Marzo 2026. OBS Business School, institución perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, publica el informe Evolución de la Inversión Extranjera Directa (IED) dirigido por el profesor y director de InveretiK Jaime Martínez Tascón.
La IED es muy importante para un país porque es una forma de traer capacidad productiva, tecnología, organización y acceso a mercados. Pero su valor real no se mide por el volumen que entra, sino por la huella que deja en la economía. Las inversiones extranjeras directas deben aportar valor añadido, productividad y capacidad para competir sin depender solo de precios. La IED es más importante hoy que hace una década porque se ha vuelto menos predictiva. Ha aumentado la incertidumbre y se ha hecho más compleja la financiación de proyectos grandes y de largo plazo, cuando son ellos precisamente los que más se necesitan para sostener dos transiciones que ya no son opcionales: la verde (energía, redes, eficiencia) y la digital (datos, automatización, software e infraestructuras digitales).
En el primer semestre de 2025 (últimos datos disponibles) los flujos mundiales de IED se mantuvieron estables en 663.000 millones de dólares, pero estuvieron un 6% por debajo de los niveles registrados un año antes. La inversión internacional se decide hoy con más cautela, con más sensibilidad al riesgo y con una concentración mayor en sectores y proyectos que ofrecen escala, seguridad y retorno. El inversor tiende a concentrarse en menos proyectos, pero más grandes en capital, en lugar de repartir apuestas en muchos proyectos medianos.
La energía y las infraestructuras asociadas a la transición energética son campos atractivos para la IED porque pueden aportar valor cuando no se limitan a instalar capacidad, sino que impulsan redes, operación, mantenimiento avanzado y soluciones que hacen al sistema más eficiente y resiliente. En el ámbito digital, la inversión aporta más cuando crea empleo cualificado y convierte al país en plataforma de servicios de telecomunicaciones, datos, software, ciberseguridad y automatización. Y en manufacturas avanzadas, el efecto suele ser mayor cuando la inversión se integra en cadenas europeas, empuja a proveedores locales a mejorar y se acompaña de ingeniería, formación y capacidad exportadora.
Pero la IED, además, necesita un marco regulatorio que aporte protección, fiabilidad y seguridad jurídica. Europa incorpora ahora con más fuerza la seguridad económica en operaciones sensibles. El problema llega cuando la incertidumbre se convierte en coste con plazos impredecibles, criterios poco transparentes o duplicidades que dificultan ejecutar proyectos.
La IED en España
España sigue siendo un destino relevante para las inversiones extranjeras. Si miramos la IED en relación con el tamaño de la economía, España aparece con un perfil relativamente sólido en comparación con las grandes economías del euro, por encima de Alemania, Francia e Italia. Por sectores, los que mayor IED reciben son el de servicios, seguido de industria (especialmente la energía eléctrica, que concentró un importante volumen de inversión) y, en menor medida, la construcción.
Una parte relevante de la inversión que recibe España procede de socios europeos y de aliados económicos tradicionales, lo que reduce en general la exposición a riesgos geopolíticos extremos y hace más probable la continuidad de proyectos. Por ello, el profesor Martínez Tascón opina:
“Debemos cuidar con especial mimo las relaciones con nuestros socios históricos en un mundo como el actual, dominado por fuertes tensiones geopolíticas y económicas”.
La inversión en sectores estratégicos
Hasta ahora la pregunta clave era cómo atraer inversión. Ahora, además, preocupa cómo asegurar que determinadas operaciones no comprometan activos críticos o decisiones estratégicas. A ese filtro de seguridad estratégica se le denomina screening. El punto de partida en la Unión Europea es el Reglamento (UE) 2019/452, que establece un marco común para la evaluación de inversiones extranjeras directas. Su rasgo esencial es que la competencia sigue siendo nacional, y lo que hace el reglamento es organizar la cooperación entre Estados miembros y Comisión para compartir información y observaciones cuando una operación puede tener impacto más allá de un solo país. El motivo de este reglamento es que las cadenas de valor y muchos sistemas que sostienen la economía como son la energía, las redes, los datos, el transporte o los pagos son transfronterizos. España se mueve en la misma dirección con el Real Decreto 571/2023, que desarrolla el régimen jurídico sobre inversiones exteriores y aporta mayor concreción en el procedimiento y la operativa. Lo que se persigue es atraer capital para transformar la economía sin perder capacidad de decisión en activos críticos ni generar dependencias excesivas en áreas clave.



