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Sociedad acomodada

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Me fascina la capacidad de adaptación que tiene el ser humano. Tras un 50 días de confinamiento, hablo con amigos que me transmiten su comodidad en esta «anormalidad». Se han acostumbrado a este nuevo estilo de vida. Es una muestra poco representativa y sesgada, ya que la mayoría de estos amigos siguen trabajando e ingresando. Son una minoría privilegiada, pero me sorprende la rapidez con qué han asumido y gozado del confinamiento. Y no son pocos lo que opinan así. En mi caso que llevo años trabajando en remoto. La flexibilidad para organizar mi vida lo compensa todo. Se trabaja más pero de otra forma más equilibrada. En estos momentos personas y organizaciones que empiezan a entender que existen otras formas de plantearse la vida. Ahora la digitalización es prioritario para todas las organizaciones. Como siempre aprendemos a base de golpes.



 


Esta reflexión viene a colación de los muchos artículos que se escriben estas dos últimas semanas sobre el día después del confinamiento. «Nueva normalidad» es la acepción que más he leído para referirse a la siguiente etapa. A mí me parece un oxímoron pero no es el objetivo de estas líneas. También empiezo a leer algunas reflexiones relacionadas a cómo es posible que nos haya pasado esto. Somos capaces mandar artefactos a Marte, manipular geneticamente organismos, pero no impedir la propagación de un virus. ¿Por qué no hemos aprendido de anteriores pandemías?. ¿Por qué no reaccionamos antes cuando había inputs suficientes para tomar decisiones?. ¿Tan frágil es la condiciones humana?. Teorías hay muchas pero me ha parecido interesante un par de artículos que comentó a continuación.


Este artículo se publicó en la revista Wired hace unos años (2011) en la que apunta que la causa de nuestro estancamiento como sociedad es la pérdida de la capacidad de imaginar el futuro. Para apoyar su tesis hace una revisión del género de Ciencia Ficción en los últimas décadas y concluye que está en declive. Según el autor necesitamos que la Ciencia Ficción nos ayude a imaginar, qué sirva de inspiración para crear el futuro. Sagas como Star Trek, Star Wars, Odisea en el Espacio o los libros de Isaac Asimov fueron referentes para muchos ingenieros y científicos de generaciones anteriores. Hoy carecemos de ellos. Es una lectura interesante. Mi sensación (no soy un experto) es que no es tanto el declive de este género, sino que existe tal abundancia de ocio que nada destaca. Las nuevos títulos de cualquier de las sagas anteriormente citadas no tienen el mismo impacto sobre la sociedad que las primeras. Los contextos son diferentes. Estamos hiperestimulados y cada vez es más difícil que algo nos sorprenda. Hemos transitado desde la profundidad hasta la superficialidad de la mano de la abundancia.


 



Star Trek | NBC


Además, el mundo actual es más complejo. Hemos creado un sistema con muchas interconexiones de la mano de la tecnología, la globalización, la economía. Esta complejidad tiene sus pros y sus contras. Hasta ahora solo habíamos disfrutado de sus ventajas en forma de desarrollo, crecimiento, económico, paz, reducción de la pobreza y muchas otras variables. Pero nada sale gratis, y la complejidad tiene sus colaterales como el deterioro medioambiental y la pandemia vírica actual.


Esta complejidad también dificulta la evolución científica. Avanzar requiere mayor conocimiento concreto (especialización), mayor colaboración entre personas de diferentes disciplinas y más recursos económicos. Por ejemplo el desarrollo de una molécula que acabe siendo un medicamento es más caro y requiere más tiempo que hace décadas. Esta colaboración no surge de forma espontánea sino que tiene fricciones que retrasan estos avances.


El segundo artículo es uno que comenté en mi anterior post del inversor en capital riesgo Marc Adreessen. Su tesis enlaza con la del artículo anterior: La sociedad se ha acomodado y hemos dejado de imaginar y desear el futuro. Hemos caído en la autocomplacencia, en la inercia del confort y hemos perdido tensión y sensación de urgencia como sociedad. No construimos. El resultado es que no somos capaces de evolucionar como especie. No progresamos. Este estancamiento nos ha hecho más frágiles para afrontar los retos del futuro como está pandemia. Del artículo destaco esta afirmación


I think building is how we reboot the American dream. The things we build in huge quantities, like computers and TVs, drop rapidly in price. The things we don’t, like housing, schools, and hospitals, skyrocket in price.



Ambos artículos apuntan al mismo sospechoso habitual: la autocomplacencia de una sociedad criada en una etapa de crecimiento y paz sin precedentes. Damos por hecho «cosas» que costaron muchos esfuerzos y sacrificios no hace tanto. Hace unos días explicaban en televisión como una anciana de 105 años había superado el Covid-19. Una señora que ha vivido 2 Guerras Mundiales, una Guerra Civil, repúblicas, dictaduras, y múltiples crisis económicas. Nuestra generación tiene el iPhone. ¿Vamos a aprovechar esta oportunidad para repensar nuestro sistema?. Soy muy escéptico.