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¿Existen factores que facilitan la innovación en una empresa?

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Si en una empresa se decide que la innovación debe ser una de las estrategias de crecimiento (o de supervivencia) no es suficiente con ponerlo por escrito sino que además se deben poner las bases para que ésta se siembre, arraigue, crezca y se extienda en toda la estructura.


Una de las cuestiones que entonces se plantean es ¿existen factores que facilitan?


La respuesta es que no solo existen factores que van a facilitar la innovación sino que también existen factores que la van a frenar o imposibilitar.


En la mayoría de organizaciones se ha institucionalizado la justificación de las actividades en numerosos informes que solo sirven para justificarse por lo que pueda salir mal y que suponen una elevada dedicación para realizarlos que no aportan valor a las actividades.


A estos informes se les añade, a menudo, el complemento de la necesidad de añadir datos para obtener un sustancial número de indicadores y KPI. Unos indicadores cuyo propósito es ser útiles para tomar decisiones, pero que se convierten en elementos de supervisión y control que muchas veces se utilizan como instrumentos de motivación (o desmotivación) ya que se aplican para justificar los incentivos o las sanciones.


Uno de los problemas que sufren los indicadores, es que las personas que son supervisadas por ellos tienden a introducir datos que tienden a minimizar los efectos perjudiciales que pueden tener sobre ellas. Retocar o inflar los datos cuando conviene, retrasar la entrada de datos en el sistema o pasarlos de un mes a otro, crear nuevos datos para maquillar unos resultados. En esto es interesante ver como los fanáticos del Big Data proponen sus sistemas como solución para obtener unos espectaculares cuadros de indicadores con múltiples indicadores.


Quiero exponer además que una burocracia que ha establecido unos procedimientos, o unas reglas, en sus empresas que suponen que muchos empleados no tengan control sobre el trabajo que realizan es un factor negativo para la innovación. Que los empleados tengan control sobre su trabajo implica que no se les dan ordenes sobre cómo lo deben hacer. Y esto supone un sustancial cambio cultural para el que muchas empresas no están preparadas, o mejor dicho, para el que muchos directivos, cuadros intermedios y supervisores no están preparados porque puede suponer que dejen de tener sentido algunas o muchas de sus tareas y funciones.


 


¿Por qué tener control sobre el trabajo facilita la innovación?


Porque si no podemos decidir sobre cómo podemos hacer nuestras tareas probablemente hará que no pensemos en cómo se podría hacer que fuesen más eficientes o que cuestionemos su utilidad o si añaden valor al proceso en el que se desarrollan. En cambio cuando podemos decidir sobre cómo podemos hacer nuestro trabajo es muy probable que pensemos en formas de hacerlo más eficiente, pero sobre todo en que vamos a procurar eliminar todo aquello que sea inútil para el resultado. No hay cosa peor en un trabajo que hacer algo que sabes que no sirve para nada.


La innovación surge cuando uno se plantea como puede hacer su trabajo de forma eficiente, de una forma en que esa tarea tenga sentido y aporte valor al proceso. En cualquier tarea se puede observar como hay personas que utilizan su creatividad para añadirle aspectos diferenciales que hacen que esa tarea tenga un valor.


Además del control sobre el propio trabajo creo que es imprescindible la existencia de una formación corporativa en innovación, es decir, una formación común a todos los empleados, a todos sin distinción. Así se consigue un lenguaje común y en esa formación se siembran los valores sobre los que crecerá la innovación. Esta formación no debería ser “en aula” sino que debería ser en el puesto de trabajo o en el proyecto porque así es como realmente se aprende y sobre todo se aplica. ¿Cuántos cursos de formación son sólo un título pero que nunca se han usado?


También creo fundamental que todos los empleados de una forma u otra formen parte de equipos de innovación o que participen en los proyectos de innovación. Aquí a menudo hay quién dice que no todos sirven o que personas en determinadas posiciones no van a aportar nada. En esto yo considero que cualquier persona a la que se le permite aportar o exponer su opinión sobre una potencial innovación va a aportar valor. Pero para ello se requiere tener confianza en las personas y no presuponer nada. Si no se confía en alguien, este lo va a detectar y actuará en consecuencia; con lo que frecuentemente se obtendrá una profecía autocumplida. Todos podemos aportar ideas que pueden ser diferenciales y disruptivas si nos dejan, y sobre todo si observamos que se analizan y si son viables se llevan a la práctica.